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Elsa Curraro, pintora: "yo siempre he sido una enamorada del impresionismo pero..."

Elsa Curraro, pintora: "yo siempre he sido una enamorada del impresionismo pero..."      A la hora de mi llegada, los parroquianos del Centro Cultural Malvinas en la ciudad de La Plata, Argentina,  no estaban a la vista; seguramente estaban escondidos en sus casas tomando mate. El taxista en cambio manejaba como un “stunt man” de Hollywood. Me dejó en la esquina y con un despliegue impresionante de motores y ruedas desapareció como había llegado. Enseguida ubiqué la casa de Elsa Cuccaro: una vivienda antigua rodeada de construcciones más modernas, frente a una plaza soleada.  Toqué el timbre mientras iba repasando las preguntas.

               --Buenas tardes...¿Llegó bien?

               La pintora apareció en la puerta, con un vestido largo de algodón.

              --Sí, ningún problema, bueno, excepto la velocidad del taxista.

              Mientras el diálogo encontraba el modo de avanzar, nuestros pies tocaban el sendero rústico de un pasillo abierto. Elsa me hizo pasar primero a un salón que olía a cemento y ladrillos.

             --Lamento no poder recibirlo mejor... Esta es la futura sala de exposiciones...pero tuve que parar la obra debido a la crisis económica... 

             No hacía falta explicar nada más.  ¿Cuántos proyectos, cuántas obras han quedado a mitad de camino durante el último año en Argentina?

             Después entramos en el living, repleto de pinturas y objetos extraños, iluminado por la luz que caracteriza las plantas bajas de las construcciones de la década de los años 20. Efectivamente, la casa data del año 1926. Cuando su padre la compró, la calle estaba adoquinada como para coches a caballo. Enfrente, el ejercito mantenía una unidad de infantería y más allá había un taller de la compañía de tranvías.

             --Estoy reformando la casa... ¿Quiere tomar algo?

             Elsa puso el termo sobre la mesa. Lancé la primer pregunta:

             --¿Ha vivido siempre en La Plata?

             Nací aquí, sí, pero he vivido en otros países también, en España, en Italia, y aquí en Argentina he vivido en Rosario por un tiempo, también en Mar del Plata.

             --¿Hay otros pintores en su familia?

              No. Mi padre era Calabrés y mi abuelo siciliano pero no pintaban. Mi abuelo era carpintero, bastante conocido. Sus hermanos emigraron a los Estados Unidos de Norteamérica y se convirtieron en millonarios. Pero los que vinieron acá....¡pobres! ¡Ja, ja, ja! Mi padre era topógrafo y trabajó en diarios de La Plata...Ahora el oficio casi no existe. Nosotros vivimos entre dos culturas, la del país de origen y la de Argentina, donde vivimos.

             --¿A qué edad comenzó a pintar?

              En realidad empecé cuando iba visitando a mis dos tías solteras que vivían afuera de la ciudad. Los domingos las visitaba. La gente grande jugaba a los naipes todo el día y yo por allí jugaba pero también tomaba un lápiz y un papel y dibujaba. ¡Las cosas que uno dibujaba! Y después, claro, también lo hacía en el colegio, durante las fechas patrias, en los pizarrones, pero en mi casa no. A los 10 años empecé en Bellas Artes, un ciclo especial que se llamaba el ciclo básico infantil. Estamos hablando de fines de la década de 1940.  El colegio quedaba un poco lejos. Si yo tomaba el tranvía no podía llevar los materiales, entonces me iba caminando y me compraba una carbonilla, una hoja de papel y gofio. ¡Iba comiendo gofio por la calle! ¡Ja, ja, ja! El gofio era un polvito muy rico y así fui a Bellas Artes y seguí...Quiero mostrarlo esta maqueta. La hice este año en un curso con Milan David, un checo. Hace mucho que no hacía escenografía. En el curso trabajamos sobre la desmitificación de los mitos griegos. Cada uno tomaba un mito. Yo tomé a Perseo, el hijo de Zeus, que mató a Medusa (un monstruo cuya mirada convertía a los hombres en piedra). No hice el proyecto para una sala normal, sino para una fábrica. Se me ocurrió montar un espectáculo en una fábrica abandonada...ah, las fotos. (Se refiere a unas fotos colocadas en la parte más alta de la maqueta. Abajo se ven muchas figuras diminutas, trabajando en la fábrica) Son de unos emires árabes, que serían los dioses. Dan un toque de actualidad.

                --Entonces no sólo ha pintado y dibujado: ha hecho trabajos de escenografía también...

                Yo estudié primero artes plásticas y luego, ya más grande, estudié escenografía en una escuela de teatro y después estuve trabajando en teatro, en la Lechuza aquí en La Plata, un teatro que tiene muchos años de tradición. Pero durante 31 años yo trabajé aquí en la Policía...

                ¿Perdón?

                Sí, como dibujante. Era jefa de identikit, dibujante de rostros, de retratos, y eso me daba un sostén económico. Mientras tanto estudiaba, tuve un hijo, me separé y cuando uno quiere recordar ya hizo un montón de cosas. Yo entré como personal técnico, tenía jerarquía. Está el escalafón profesional, los médicos por ejemplo, y el escalafón técnico que, como en mi caso, son los que tienen la especialidad de la fisiognomonía, y después está el escalafón propiamente de comando, digamos, los canas-canas.

--¿En qué época?

               Y, fue entre 1960 y 1991. Cuando me jubilé, me fue bien. Hubo un congreso en Génova al cual yo mandé un trabajo. Fue reconocido por la Sociedad Científica de la Universidad de Génova. Luego, ya jubilada, me mandaron a un congreso de fisiología, un regalo por los 30 años de trabajo...terrible. Bueno, son experiencias de vida. Ahora me río. Pero luego me dediqué al taller y a trabajar, asistí a congresos, fui a Francia...recién ahora estoy más tranquila.

               --Y ahora qué sucede?

               Ahora estoy evolucionando. Yo siempre he sido una enamorada del impresionismo pero con el tiempo uno trata de ser más prolijo, de sugerir cosas.

               --Imagino que en la escuela no era tan realista...

                Yo estuve en una escuela muy figurativa, en los años 60 y 70.

                 --Pero hacía retratos para la policía. Yo preparaba gente, enseñaba la anatomía del cráneo y después todo lo que es expresión en el rostro.

                 --Un fuerte contraste.

                  Sí, es un contraste. ¿Cómo puede un artista plástico trabajar en la policía? Lo que pasa es que yo por necesidad trabajé en una dirección, era dibujante y después se abrió el curso de formar retratistas para toda la provincia de Buenos Aires. Entonces, yo apliqué la plástica a la actividad de la policía.

                  --Debe haber sido una experiencia fuerte.¡Ah! Ahora me gusta otro tipo de trabajos. Elsa pone sobre la mesa una serie de fotos.

                  --Este es el pueblo de mi padre, en Italia. Pinté un mural allí. Fue una experiencia increíble, hice también poemas ilustrados, la gente me compraba cuadros. Después estuve tres meses en Galicia, en este lugar que ahora está petroleado. ¿Sabe una cosa? Los lugares influyen sobre mí, totalmente. Estoy en Galicia y pinto pasajes de Galicia, estoy en Italia y pinto pasajes italianos. Ahora trabajo con técnicas mixtas, buscando elementos nuevos, con afiches. Me gusta modificar cosas, trabajar con cartones de propaganda...

                     Hubo un momento de silencio. Yo tomé el mate y pensé en los contrastes. España, Italia, Francia, los retratos, la chica de 10 años comiendo gofio, los cambios, el centelleo de los rayos solares que lograban a penetrar en el living, los delgados dedos de la pintora.

                   --En vez de pagar un curador, yo cargaba mi propia obra cuando fui a España o a Italia. Pero para entrar en los grandes catálogos la historia es otra. Hay que tener 30 años de trabajo continuo, muy ligado a los críticos de turno, poner mucha plata, es bravo el ambiente. Hay muchos pintores como yo que no logran vender sus obras y se dedican a la enseñanza. A veces pintar sirve a una necesidad espiritual, pero uno no puede vivir sin pintar. Es cierto que estuve trabajando en la policía pero durante toda mi vida lo que ha predominado es el arte.

                 Y sigue. Ahora está dedicada a las reformas de su casa y del salón de exposiciones.

                --Mi padre era un obrero y sacó un préstamo de 30 años en la década de 50 y compró la casa. (Ahora, ni hablar) Mi madre no estaba muy de acuerdo pero él hizo algunas refracciones, bajó los techos, hizo interconexiones entre las habitaciones. Faltó hacer un cuarto para mí. ¡Yo dormía en un sofá, en el comedor!

                 --¿Y el amor?

                 --Soltera toda la vida. Siempre me he vinculado a hombres separados. Conocí al padre de mi hijo en 1960 en una escuela de periodismo. Pero como yo tenía 19 años tuvimos que ir a México, pero casarme: nunca. Otras parejas, sí, pero casarme nunca.

                 Me puso varias fotos de sus pinturas en la mano y llamó a un taxista conocido. Esta vez el viaje a la estación se sintonizaba con la pereza dominguera de La Plata. Elsa volvió al living, quizás para limpiar los platos de la mesa, tal vez recordando la frase de su padre cuando trataba de tranquilizar a su madre: “yo no me equivoqué al comprar esta casa.” Tampoco se equivocó Elsa Cuccaro cuando eligió la pintura.

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