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Gracciela Borthwick: "Creo que la obra de un artista es lo que uno es."

Gracciela Borthwick: "Creo que la obra de un artista es lo que uno es."

La Casa de Arte de Graciela Borthwick invita a la reflexión sobre el mundo de la creación artística. Ella ha dedicado la mayor parte de sus 68 años—muy bien llevados—a las más diversas formas de producción artística. Conversamos con ella en la Casa de Arte en San Telmo, el barrio colonial de Buenos Aires.

--Parece que usted nació haciendo arte...

--Empecé muy chica, en diferentes aspectos artísticos, luego transité por la formación artística formal, en las academias, hice el profesorado en la Universidad, recibí becas para seguir estudiando, es decir, tuve toda la formación que requiere un artista para mantenerse conectado con el mundo del arte.

--Según lo que se puede apreciar aquí muy conectada además al arte latinoamericano…

--Yo creo que la obra de un artista es lo que uno es. Uno nació en esta tierra, vivió en esta tierra y yo creo que uno debe ser firmemente responsable de las posibilidades que el país brinda, en mi caso, Argentina, con la luz que tiene.

--¿La luz?

--Estoy hablando del paisaje de un lugar, de su luz. Es esa luz lo que hace la obra de un artista.

--Es cierto, hay una luz muy variable en Argentina, en la Patagonia, por ejemplo, o en el norte…

--Además, yo creo que la producción artística va experimentando  variaciones según la etapa de la vida, pues uno es producto de un contexto, de un medio. No pinto igual a los 68 años que a los 18 porque tengo otras vivencias, otras situaciones de vida y lo más rico de un artista es eso, su vida, su mundo.

--¿En su entender es el arte más intelectual o más emocional?

Yo creo que el arte es intelectual, pero todo el mundo tiene su pertenencia cultural porque lo cultural nace con el hombre. Hablar de zonas geográficas de cultura es desconocer el valor de lo cultural. Cada zona tiene derecho a transmitir su cultura.

--¿Ha habido algún momento que impactó especialmente en su vida artística?

Por supuesto. El otro día en el “Espacio Cetol,” donde tengo una exposición, una chica me dijo que había quedado muy conmovida por mis trabajos. Si yo no logro conmover, no estoy haciendo arte. Luego, cuando fui a España para estudiar escultura en piedra, en Galicia, me dieron un cacho de piedra en el piso y una maza y me dijeron: ‘haga una escultura.’ Era sorprendente porque no conocía la piedra y era un espacio al cual no estaba habituada. Sucede que uno va produciendo cambios en el quehacer de su obra sin intelectualizarlo, sin planificar, y esto es lo interesante del trabajo artístico. A diferencia de otras actividades del hombre, con el arte nunca se sabe a dónde uno va a llegar.

--Es decir, uno va creciendo…

Cuando uno ha dedico 60 años de su vida a una misma disciplina, pasan estas cosas. Yo no separo el arte de la pintura, de la cerámica; uno es artista y trabaja la materia que tiene a mano.

--Pero no debe ser lo mismo trabajar madera, cerámica…

Hay momentos cuando necesito tener la madera en frente y una máquina eléctrica para cortarla y en otro momento necesito dibujar. Por ejemplo, ahora estoy preparando un dibujo para un salón de derechos humanos—de Amnesty International—en el barrio porteño de Recoleta, que se abre el 27 de Diciembre. Allí me siento en una mesa con lápices, con los colores, o sea, yo creo que lo importante es no clasificar el trabajo artístico; lo importante es sentirlo, lo importante es expresar una vivencia. De eso se trata y por eso yo hago docencia también. Necesito transitar a otros lo que a mí me pasa. No lo transmito a partir de mi misma, sino a partir del otro. Eso es el verdadero trabajo de la docencia.

--¿Trabaja usted con una idea previa o…?

   Mucho depende de la etapa en la cual uno se encuentra. Ha habido momentos cuando trabajé más con la naturaleza, otros con la figura humana, en otro sentarme en un bar y dibujar…

--¿Percibe usted una especie de diálogo con el espectador eventual de sus obras?

Siempre lo hay, siempre hay devolución. Lo que pasa es que uno no siempre registra esa devolución. Me gusta mucho escuchar a las personas que han visto mis obras. Aprendo mucho de la gente, pero con una condición: de que haya una verdadera transmisión de lo que cada uno piensa, y su comunicación en paz.

--¿Emplea algún tipo de entrenamiento?

Yo uso la rutina. Yo creo que soy una mujer de rutina. Me levanto, salgo a caminar por Puerto Madero, vuelvo a casa, tomo el desayuno, veo los mails, atiendo el teléfono, llega mi secretaria y me pongo a trabajar. Duermo bien porque me siento muy feliz con lo que hago. Uso la rutina para ser libre en el momento cuando me pongo a producir.

--¿Es casada?

No. Tengo hijos pero no estoy casada.

--¿Son ellos artistas también?

No. Son profesionales. No han seguido el modelo de la madre.

--¿Y en la familia?

No, soy yo la única que tomó el camino del arte. Si el arte me hubiese llegado como una especie de herencia, no me hubiera dedicado a la docencia del arte. Al haber tenido que estudiar duramente, uno está mejor posicionado para transmitir sus conocimientos a otros. En la docencia uno trabaja con lo que el otro tiene, con su potencial.

--¿Tiene proyectos para el futuro cercano?

Hay un proyecto muy atractivo relacionado con un proyecto educativo en Pilar, donde se está haciendo un centro muy importante de arte y docencia.

--¿Trabaja con alumnos particulares?

No. Tengo una Casa de Arte donde la gente puede venir y recibir alguna orientación, preguntar lo que quieren sobre mi actividad artística y quienquiera hacerlo es bienvenido. Es una experiencia de intercambio de ideas, de comportamientos y de experiencias.

Contactos:

Casa de Arte: Carlos Calvo 518, San Telmo, Buenos Aires.

Teléfono: (01154) 4362-0069.

e-mail: gracielaborthwick@yahoo.com.ar

Web:  http://gracielaborthwick@com.ar

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