Blogia
Buenos Aires Jaque Press, en inglés y español

Revista (Magazine)

El ojo enamorado

El ojo enamorado

Soy y siempre he sido un ojo.

  Veo las formas y los ángulos.

    Paso el tiempo contemplando,

      la transformación de  mi aspecto

        en mi acuoso espejo propio.

 

Me despierto como sonámbulo,

  revolviendo los  verdes rincones

    de tus entrañables praderas chorreantes;

     giro la vista, la voltea hacia atrás,

       hacia adelante, pendularmente.

 

Te veo perpetuamente con ansias,

   deseo desenmascarar tu amor.

    Quiero hablarte con poesías terrenales,

      quiero abrazarte con verbos activos,

         un ojo nada más soy, me limito a ojearte.

 

Soy y siempre seré un ojo.

  Moriré sin conocer tu piel,

    Sin disfrutar tu calor,

      Sin gritar juntos el placer.

        ¿Me ves mi amor? ¿Me ves?

Suddenly it came upon me (a verse from somewhere)

Suddenly it came upon me (a verse from somewhere)
Sometimes there are words that appear without warning, under your bed, in your coat pocket, alonside the flower pot, in your suitcase, mixed together with your beauty cream, inserted into that pill box you always carry with you, just in case, buldging out of the wrinkles etched onto the corners of your mouth...          
 
  It came upon me suddenly.

                      I was not guilty; I was pure.

                         And the others? The logic of chance.

                             Nothing more. It wasn’t I.

 

            They knew nothing! It was their  mistake.

                       These iron bars cannot contain my soul!

                            I am free! Yes! More free than my inquisitors!

                                 What? That blood stain on the manhole?

                                        It was not mine. Not hers. Whose then?



What about some super short stories to exercise the brain?

         Who knows? ¨Probably the best known short short story is this six worder by Ernest Hemingway: “For sale: baby shoes, never worn.” That leaves a lot up to the reader’s imagination, don’t you think? That’s precisely the idea of the super short tales. Here are some more (thanks to “Wired” magazine:

º           “He read his obituary with confusion.” Steven Meretzky.

º           “It cost too much staying human.” Bruce Sterling.

º           “To save human-kind he died again.” Ben Bova.

º           “Corpse parts missing. Doctor buys yatch.” Margaret Atwood.

º           “When he woke up the dinosaur was still there.” (Cuando despertó el dinosaurio todavía seguía allí) Augusto Monterroso.

And then there is this jewel by Nancy Cavanaugh: "Santa loses it all in Wall Street crash."

            More daring writers, have tried for even less:

º           “How nice.(Que bueno), Luisa Valenzuela. (However the title was a bit longer: “El sabor de una medialuna a las nueve de la mañana en un viejo café de barrio donde a los 97 años Rodolfo Mondolfo todavía se reúne con sus amigos los miércoles por la tarde.)

º           “Yo” (I) by Aloé Azid, with the title “Autografía” (Autograph) probably has no competitor for shortness.

            The idea of the super short stories is to provoke the active participation of the reader and for that reason there are as many versions as there are readers. Taking the classic by Hemingway, you might ask yourself questions such as: who is selling the shoes? Why? Why have they not been used? Has something happened to the baby? Who has placed the sign to sell the shoes?

            Notice that these stories are concise, awaken the imagination, invite diverse interpretations and frequently suggest a very dry sense of humor.

Although all of this sounds simple, once you sit down to write a short-short short story you might well come to the conclusion that nothing worthwhile is easy.

Ballotage en Buenos Aires--¿y después? (una ficción realista)

Hay que votar, dice Roberto, mientras rasca la cabeza. Claro agrega su amigo Rolando, es nuestro derecho. Menos mal que no están más los dictadores, propone Mariana. Pero...¿Y después? ¿Y después qué? pregunta Roberto. Bueno, ya se sabe. Los políticos dicen una cosa para ganar, después se acomodan en sus oficinas, cobran sus viáticos. No hay que ser tan negativo dice Rolando. ¿No? Mariana pone una cara rara, ofuscada. Las elecciones son producto de las agencias de publicidad. Ellas dicen a los candidatos qué decir, cómo decirlo, a quién, proponen los colores, contratan a sociologos, economístas, creativos...Pero después, en el poder, los políticos terminan siendo  presos de los intereses. Los mega capitalistas siempre ganan, dice Roberto moviendo su cabeza de arriba hacia abajo. Es cierto, totalmente cierto. Hecha la ley, echa la trampa. Todos somos culpables, dice Rolando. Yo no, dice Roberto. Yo tampoco, dice Mariana. Bueno, ustedes me entienden, responde Rolando. ¿Entonces, qué hacemos? pregunta Mariana. A lo mejor uno está un poco mejor que el otro. O un poco peor, agrega Roberto. ¿Hablan todos de lo mismo, luchar contra la inseguridad, limpiar la ciudad, más igualdad de oportunidades...Pero no son iguales, repite Mariana. Algunos piensan que son ejecutivos de empresas, otros que son amigos de algún personaje en el poder. Tenemos que ser realistas, opina Rolando. No todos son lo mismo. Además, la dictadura ya fue. Podemos votar. Podemos leer "Das Capital" en el tren y no pasa nada. Es cierto reflexiona Roberto. Además, después de votar podemos salir a protestar. A lo mejor cuando roban y hacen macanas y ven que la gente sale a la calle a gritar, a lo mejor piensan que sería mejor escucharnos. ¡Basta! dice Rolando. Lo que tenemos que hacer es decir lo que queremos. Limpiar las calles de basura. ¡Qué barbaridad! Todo un tema. Las veredas rotas...el tránsito, uno pasa horas viajando...el ruido infernal...¿por qué no podemos tener trenes como la gente. ¡Y subtés ni hablar! La inseguridad, las drogas...crecen las villas como hongos... Hmm. ¿Qué pasó con la ideología? susurra Mariana. Hmm. Es cierto. ¿Y qué pasa en las cabezas de la gente? pregunta Rolando. ¿Saben qué? Yo voy a votar para...¿Así? Yo para...bueno, yo no les voy a decir, no me parece bien, pero a lo mejor después hablamos...

Y seguían hablando. Mariana proponía encontrarse luego del ballotage en la ciudad de Buenos Aires el 31 de julio entre el actual intendente, Mauricio Macri, ex presidente del club de fútbol Boca Juniors y miembro de una de las familias argentinas más acomodadas, y Daniel Filmus, sociologo con una maestría en educación y actualmente senador por la ciudad de Buenos Aires.  

Crecer no es envejecer (no es un verso, es un canto)

Crecer no es envejecer (no es un verso, es un canto)

Llorar de alegria y de pena,

es vivir respirando hasta la muerte;

reír de tus pesadillas más oscuras

es amar a tu esencia más pura.

 

Estirar el cuerpo hasta las estrellas

es creer en la bondad de la eternidad;

Caminar, saltar, bailar, pisar la tierra

es tener fé, es creer en tu dios.

 

Reclamar tu día con la fuerza de tu alma

es vivir con la piel erotizada y los ojos vibrando;

Decir te amo, te quiero, te adoro, te espero

es estimular el poder afirmativo de tu esencia.

 

Amar a tus recuerdos más oscuros

es echar flores a tu lecho de vida;

Dejar que tu mente fluya como un río

es creer que los peces son tan dignos como vos.

 

Decir no a la guerra, a las quejas, a las malas hondas

es entender que la pacha mama somos nosotros;

No dar lugar a pensamientos nefastos, no echar la culpa afuera

es no abandonar tu lucha por el bienestar tuyo y del otro-

 

Vivir es entender que crecer no es envejecer

que sonreir es siempre posible,

que amar es vivir plenamente

que morir es un cumplido.

¿Es la viejez una carga o una bendición?

¿Es la viejez una carga o una bendición?

El tiempo no para, es cierto, porque lo único innegable de la vida, del universo, es el cambio: el cambio es constante, como el movimiento de las agujas del reloj que hemos inventado los hombres, como los días del calendario, también inventado por los hombres.

 En fin, todo pasa, del bebé dependiente de la madre pasamos al niño que al crecer intenta liberarse y despegar sus alas, luego se convierte en padre y trata de moldear el desarrollo de sus hijos en su propia imagen, después entra en la edad avanzada y la sociedad (occidental) nos desprecia como un producto descartable más de la sociedad de consumo.

¿Somos “viejos” porque pasamos los 70 años? Depende. Muchas personas tienen una especie de espanto a la viejez, como su fuera un sufrimiento, una condena. Otros, como Alfredo Moffat, aseguran que “La negación de la edad es una tontería.” Pero cabe preguntar: ¿Qué es exactamente ser viejo? ¿Son los años acumulados, el declive del cuerpo y la mente, la pérdida de memoria, la incapacidad de realizar las actividades de la juventud? ¿O bien tiene que ver con nuestra actitud ante la vida?

¿En vez de pensar la edad como una cuestión estadística, no sería mejor pensarlo en relación con el estado físico, mental y psicológico de cada individuo? ¿No será que tenemos la edad que nuestra actitud ante la vida establece?

En las sociedades pre-industriales se trataban a las personas mayores con veneración, los viejitos  mantenían un nivel importante en la sociedad, se las consideraban portadores de conocimientos, de sabiduría, y se las tomaban como personas dignas. En cambio, la sociedad actual, capitalista y frenética, resalta la juventud, la belleza, caras sin arrugas, cuerpos esbeltos y trabajados en los gimnasios; la tecnología exige cada vez más velocidad y margina a quienes no se adaptan a la voracidad del cambio; si algo no es nuevo hay que tirarlo o cambiarlo por el último modelo.

William Shakespeare tenía razón cuando hablaba de las “etapas de la vida.” Sería inútil negar que la vida nos lleve como un tren por diferentes estaciones—cada una con sus características propias. Pero…

¿Qué pasaría si tratáramos de no pensar tanto en los años, en las etapas establecidas por la sociedad o por la cultura que nos rodea, sino ubicar la edad como algo que responde a nuestra energía vital? Lo decía cuando ya era anciano Pichón: “la muerte está tan lejos como grande sea la esperanza que construimos.” ¿Cómo construir esa esperanza? ¿Tenemos ganas de vivir, hacer cosas? ¿O bien aceptamos como una carga el acercamiento del fin? ¿Qué pasaría si prestáramos menos atención a los años que tenemos, a lo que la sociedad, la familia o los diarios y revistas dicen de nosotros?

¿Qué pasaría si le dedicaremos tiempo a la pareja para hacer mimos, intercambiando caricias, masajes…si a pesar de ser viejos nos dedicáramos a hacer rutinas, yoga, tai-chi, sheng, Pilates, ejercicios de respiración para llenar todas partes del cuerpo y la mente con el oxigeno de la vida; qué pasaría si buscáramos tiempo para preparar exquisitas comidas, caminar por el bosque,  hacer teatro, pasar agradables momentos con la lectura de novelas, cuentos, poesías; qué sucedería si pudiéramos cantar, contar chistes,  cultivar flores de todas clases en el balcón o el jardín, contemplar  la luna, las estrellas?

"Sheets of empty canvas, " a verse written upon untouched sheets of clay

Sheets of empty canvas, untouched sheets of clay
Spread out before me as once her body lay.
The five horizons her soul, my sun, revolving,
Revolving, as the earth to the sun, revolving
Ever turning, heaving, as her breath, the air.

Oh, how empty my words, so far away
Oh, how softly her tones keep me at bay.
The bitter chafing beneath the misty clouds,
The soul’s nothingness amidst the shouting crowds,
The washed away pictures, washed, tattooed in black.

I walk surrounded by ever moving youth at play
Surrounded by memories, by energy at play.
Laughter splits atoms of time into nursery rhymes;
Twisted thoughts spin images into nuanced crimes.
The spinning, the whirling as my sun quietly drops away.

Now my hands fondly cradle bits and pieces of tinted glass,
Now my heart bleeds and flutters as it lets the memory pass.

The picture of her soul clings to my breast, washed in black.

Tattered and tattooed in memory’s click, washed in black.

Click-click: her sun kindles empty skies, untouched sheets of clay.

"Creating peace," a poem by Louise Imm-Cooper

"Creating peace," a poem by Louise Imm-Cooper

We are weaving a tapestry of peace

     every fiber, every shape

      gives it form and purpose.

And like the myriad colors and patterns in its design

    each of us is spinning into it the threads of our

            different experiences and perspectives

         as well as the hues of our individual ideas.

 

The strength and beauty of the finished piece comes from

            hearing and respecting the separate voices

For without seeing and understanding the message each one brings,

           the colors become muted ….almost too similar

 and the shapes – so carefully formed by singular threads -                              

           are less distinct and not as visible.

                                  Louise Imm-Cooper 5/23/2003

louise imm-cooper, a community educator and storyteller, has been a peace and social justice activist since the early 1960’s.  She lives near the rolling farmlands of eastern Pennsylvania, U.S.A. enjoying life and all things literary including writing in simple verse.

"El hombre atrapado," un cuento

Hacía horas, tal vez cuatro o cinco, el hombre había estado en esa situación tan incómoda. Es que yo lo miraba asombrado a través de mi ventana, yo iluminado por el sol, pues hasta las cinco de la tarde hay sol en mi balcón, meditando sobre el curioso mecanismo que nos lleva a escribir relatos, mientras el hombre del edificio en frente, dos pisos más abajo, estaba atrapado con su cabeza en su ventana, sin poder extirparla, perdón, sacarla: realmente era una situación incómoda.

Se sabe que una historia tiene su comienzo, desarrollo y desenlace, cosa que se puede decir también sin temor a equivocación sobre las situaciones reales que sufren las personas a lo largo de sus vidas. No es el caso, pero una situación puede ser que fulano se encuentra a punto de confesar el amor a una doncella de cabellos dorados cuando entre ráfagas de viento polar aparece la abnegada esposa. Francamente, semejante situación podría tener un desarrollo punzante; sería mejor dejar el desenlace a la vigorosa imaginación del lector.

Ahora bien, ahí estaba yo, con el sol todavía iluminando mi cara negra—no hace falta decir que no soy anglo-sajón. Al rato me formulé el siguiente planteo: ¿Si ese hombre no puede liberar su cabeza del marco de la ventana no será que detrás de él, en las sombras, obra otra voluntad?  Yo lo observé con mi alma de escritor y llegué a la siguiente conclusión clara y contundente: ahí hay algo raro, un crimen, una estafa, una venganza, un amor vuelto más podrido que una cebolla fétida.

Mi concepto iba tomando forma en mi cabeza iluminada y de a poco, silenciosamente, secretamente, casi sin darme cuenta, la historia me iba involucrando. Pero a la vez tuve que luchar con mi sentido de culpa. ¿No tendría que ofrecerle mi ayuda? ¿No tendría que llamar a la policía, a los bomberos, a primeros auxilios? ¿Cómo iba yo a vivir con la culpa de no haber actuado primero humanamente, para recién después aprovechar la situación para armar mi historia? ¿No podría hacer las dos cosas a la vez: recurrir a su ayuda y elaborar a la vez los detalles de la historia?

Sentí atrapado en un dilema sin solución aparente: yo estaba atrapado meditando mi culpa en tanto que el hombre en la ventana estaba atrapado de verdad. Mientras tanto, como pasa tan a menudo, el tiempo iba desapareciendo como siempre hace cuando entra en el escenario la irresolución; en realidad, no sé si el tiempo desaparece pero sé que avanza, siempre. El sol sobre mi cabeza ya era mucho más suave y me costaba ver con claridad los pequeños esfuerzos del hombre por liberarse de la ventana. A lo mejor no era la luz; pobre de él, tal vez había llegado a aceptar su destino. ¿Por qué no gritaba? Traté de fijar mi audición en todos los sonidos que llegaban a mis oídos, pero no percibí ningún grito. ¿Será que su cuello se había quedado aplastado por la ventana? Lancé un grito afilado por el espacio:

--¡Oye! ¿Estás bien? ¿Necesita algo?

Silencio. De repente una memoria me golpeaba la conciencia. Tenía 13 años, era verano, un calor infernal, una sed brutal tenía, y mis viejos estaban de viaje. Yo, desnudo como Adám. Abrí la heladera, saqué la botella de cerveza que mi papá siempre guardaba en un bolso de papel de color marón. Hasta ahí, todo bien. Tomé un trago largo. Sentí un leve mareo rondar por mi cuerpo. Cerré la puerta con tan mala suerte que mi órgano masculino quedó pinchado. Lancé un grito tan fuerte que mi abuela de 93 años, que se encontraba en su habitación tomando la siesta, se apuró para ver que me pasaba.

--No lo puedo sacar.

--¿Cómo? ¿Qué cosa?

--¡El pito!

--Tranquilo pibe. En los momentos críticos hay que mantener la mente fría.

Bueno, ella encontró fuerza de no sé qué lugar de su cuerpo anciano y abrió la puerta, liberando mi pito. Eso me pasó por ser un pibe atrevido.

 El problema del hombre con la cabeza en la ventana era mucho más grave. Cuesta mucho, pero se puede vivir sin ese órgano tan vital que cuelga entre las piernas de los hombres. No hay casos registrados de hombres que viven sin sus cabezas. Hmm. ¿Si mi abuela se apuró para ayudarme a liberar mi parte más preciada, no tendría yo que acudir con todavía más aceleración para liberar al pobre vecino de su sufrimiento?

Salí a los saltos de mi departamento, tomé el ascensor hasta la planta baja y crucé la calle como un rayo; el lift del edificio del pobre hombre no funcionaba; entonces, subí al piso 13 con los dientes apretados y la lengua afuera y golpeé fuerte el timbre. Silencio. Toqué otra vez. Tres veces en total. Nada. ¿Qué hacer? Grité fuerte. Empujé la puerta con mi hombro, con mi rodilla, con mi cadera, con mi espalda, con mi cabeza. Sentí la cólera subir en mi veloz como un tiro. Me imaginé como un policía de esos que en las series televisivas tiran abajo las puertas como si fueran de papel. Iba además asumiendo mi rol de héroe. ¿Cuántas veces en la vida tiene uno la oportunidad de salvar a un pobre miserable de la muerte o de un destino ingrato? Son momentos en la vida cuando uno se agranda.

Me acordaba de un hecho increíble. Un coche compacto, un Volkswagen, había volcado sobre la ruta. Nosotros frenamos nuestro auto y lo dejamos al otro lado de la ruta. Pero antes de poder acercarnos para  ver lo que sucedía, se presentó un hombre robusto de mediana edad. El conductor del Volkswagen estaba atrapado debajo del coche. ¡El hombre de mediana edad se agachó, agarró el coche y lo levanto, liberando al pobre conductor! ¿Y yo, joven todavía, no puedo tirar abajo una puerta de madera?

Gruñendo, mordiendo los labios, vociferando el nombre de Dios, de Buda, de Abraham, gritando todo mi vocabulario de expresiones profanas, puse todo contra la puerta. Se abrió tan repentinamente que entré en el departamento cayendo. Me levanté aturdido, sin poder ubicarme en la penumbra que había entrado en la pieza por la puesta del sol. Giré mi cabeza a la izquierda, a la derecha. No encontré al hombre. Tendría que estar en el dormitorio, razonaba yo, ya que lo había divisado desde mi propia pieza de dormir.

--¡Silencio!

Era la voz de un hombre que llevaba una pesada cámara filmadora sobre el hombro.

--¿Qué pasa? Estoy para ayudar en lo que sea…

--¡Corte!

--¡Aja! ¡Una filmación!

--Has dicho una obviedad.

--¿Pero por qué se tenía que poner la cabeza del actor en la ventana durante tantas horas sin moverse?

--Cinco minutos no es mucho tiempo.

--¿Cinco minutos?

--Ni un minuto más.

--Pero juro por Dios y todos los santos que vi la cabeza en la ventana durante al menos cuatro horas.

--La percepción del actor no es la del espectador.

--Ya sé, pero no puede ser.

--Y sin embargo es así. En realidad el tiempo no existe. Es una invención del ser humano. Es una convención. ¿Usted es el señor del piso 13 del edificio en frente?

--Sí.

--Le haríamos hacer llegar la cuenta por la destrucción de la puerta.

--¡Pero yo la tiré abajo en un acto de solidaridad humana!

--Puede ser, pero la puerta está rota y nosotros no somos los responsables.

Yo volví a mi departamento más confundido que nunca. Sé que muchas historias no tienen explicación clara. Que a través del tiempo los hechos van experimentando modificaciones. Que a veces la realidad se confunde con la ficción. De todos modos, creo que aprendí algo: Acudir en ayuda de un ser humano en peligro, antes de ponerse a escribir la historia del hecho, siempre renueve el amor a la vida, aunque todo haya sido una ilusión óptica.

El vuelo eterno, un cuento-relato-ensayo

         ¿Qué sería de nosotros si pudiésemos volar siempre alto, siempre lejos? Volar al más allá, volar a cualquier otro lugar, soltar la voz, cantar en medio de la nada universal. Volar, sin la obligación de volver, sin tener que girar la cabeza hacia atrás. ¡Ay! Si la existencia fuera tan simple como volar, volar eternamente, sin  destino, sin apuro, sin fechas, sin exigencias, sentir las caricias del viento sobre la piel.

        Una niña pájaro está contenta y protegida en el nido, sin embargo sueña con volar. Será por no estar nunca conforme con la vida que lleva en el espacio tan reducido de su casa nido. El sedentarismo le provoca hastío: su deseo es de mover sus alas, explorar el aire, poner a prueba su cuerpo. Ella es una energía que surge desde sus propias entrañas, es una fuerza misteriosa que la impulsa a convertirse en exploradora de la dimensión aerodinámica.

        En realidad, ella no es un pájaro: es una niña. Vive en una casa de paja, en una mansión, en el basural, en el barrio de los niños bien, en el último piso de algún edificio torre en una ciudad ruidosa y llena de contaminación; sabe que fingir es el precio que tiene que pagar por suprimir el deseo de volar.

        La mayor parte del tiempo se somete a la dura ley del movimiento, a la ley de la gravedad. Evita mirar al cielo, pero robar miradas al celeste techo que cubre la tierra es una tentación imposible de no aceptar.

        Pasa el tiempo y ya no  puede dejar de descansar sus ojos sobre las estrellas. Ella crece y con normalidad va estableciendo relaciones con los niños, con otras niñas, con los hombres y mujeres que aparecen en su vida. A veces se enamora con los pies de algunos hombres que tienen los dedos de sus pies plantados en el suelo húmedo y tibio, pero enseguida vuelve a girar los ojos hacia las estrellas.

        Tenía que pasar. Un día abrió la ventana de par en par. Quiso saber el color del cielo, ese concepto azul tan mencionado en los libros escolásticos, en las poesías, en los laboratorios científicos. Sintió el impulso de tocarlo, acariciarlo. Desesperada, llenó sus pulmones de aire, suplicó a los mil demonios, dejo caer la boca, sus ojos bailaban locamente. En su interior hubo revoltijo de pájaros volando, revuelo empedernido de plumas, su corazón aleteaba, los pensamientos más dispares subían y bajaban en su cabeza, desafiando la gravedad y todas las leyes de la naturaleza y de los hombres; su cabeza se había convertido en la antesala del delirio y  en el gozo infinito de la libertad.

       ¿Qué hará la niña pájaro?  ¿Hay cura para su obsesión? Tal vez la única sea abrir bien la boca y dejar que salgan de su interior todos los pájaros que competen por salir en libertad. Quizás tenga que despegarse del mundo; liberarse de las convenciones, de las mentiras cotidianas.  Tal vez tendría que pegar la mirada en el suelo todos los días, aprovechar la luz tenue de la noche para volar hacia las estrellas siempre iluminadas. A lo mejor le conviene ejercitar sus alas todas las mañanas, disfrutar del desapego y dejar que cualquier  pequeño accidente cotidiano sea impulso suficiente para descubrir algún horizonte nuevo.

      Crece la niña pájaro. Poco a poco va despegando los pies de la tierra, siente crecer sus alas, se aplica al estudio de los secretos aerodinámicos, de los vuelos,  pasa día y noche mirando al cielo. Imagina sus brazos cubiertos de plumas gigantes, su cola puntiaguda, siente el aire fresco excitar su piel, su pecho se agita con el tibio calor que anima su alma. Está a punto de emprender el vuelo eterno.

La cachetada, una historia de amor

La cachetada, una historia de amor

Un hombre joven avanza poéticamente desde bambalinas hacia el medio del escenario hasta encontrarse con una mujer sentada en un sillón, absorta en sus pensamientos íntimos. Se para a su costado derecho en silencio durante un tiempo. Ella sigue en la nada. El hombre vuelve hacia atrás, gira nuevamente hacia ella, duda qué hacer, busca algo en sus ropas que no encuentra. Ella lo deja gastar en su confusión, luego gira hasta enfrentarse al hombre, se levanta, y los dos intercambian miradas en medio de un silencio prolongado, casi eterno.

 A la izquierda y a la derecha del escenario dos parejas se enfrentan también en acciones simultáneas y paralelas, vinculándose mediante  movimientos corporales libres, expresando con sus gestos y estados anímicos el amor, la pasión, el rechazo, el desinterés, la seducción, el juego amoroso, la incomprensión; sus cuerpos hablan sin palabras ni sonidos. Ellas son manifestaciones oníricas de la pareja protagonista.

Hombre:           Te amo, sabés, siempre te he amado, siempre te amaré.

Mujer:              ¿Qué hora es?

Hombre:          ¡El amor es la vida! ¡Sin tus abrazos no vale la pena vivir!

Mujer:              ¿Qué? ¡Las seis ya!

Hombre:            Te amo. Así de simple.

Mujer:              ¿Me hacés un favor? ¿Podés sacar la basura? Van a llegar los

                       camiones. ¿Será posible? Siempre pasan a esta hora, siempre

                       dejan las calles sembradas de basura, siempre. Es una vergüenza.

                       Hacen la vida imposible.        

Hombre:          Yo sabía que tú ibas a ser mi único amor. Lo sabía desde aquel

                      momento cuando te vi en el colectivo. ¿Te acordás? ¡Ja! ¡Ja! Te 

                      toqué involuntariamente. ¡Y bué…no tan involuntariamente, es 

                      cierto! Pero desde aquel momento entré en tu mundo para no salir

                      jamás.

Mujer:              La violación es un crimen que obsesiona incluso a los hombres más

                       cultos. Dicen que nos hacen el amor, pero no dejan nunca de hacer

                       la paja.

Hombre:          Sentí el calor de tu piel debajo de tu falda y no pude controlar el

                      pulso.

Mujer:              Tengo sueño, quiero dormir, extender mis brazos y piernas por toda

                       la cama. Quiero gozar de la libertad de mis movimientos, sin

                       ningún hombre al lado; sin el olor a semen, quiero toda la cama

                       para mí, todo el universo para mí, yo en mi mundo, yo sola.

Hombre:          Una vibración rara, extraña, recorrió todo mi cuerpo, me dejo sin

                     palabras. No pude resistir el impulso de avanzar hacia ti; te

                     convertiste en un imán, en el objeto de mi vida, comencé a perder el

                     control de mi mismo.

Mujer:            La mejor defensa es el ataque. Uno no debe creer nunca en las

                    palabras ajenas.

Hombre:        Se me secó la lengua, sentí acalambrado, recordaba los versos

                    de la kama Sutra: “La virgen espera la herida de tu flor, que es

                    también una flecha perfumada y tiende su vientre sin igual hacia el

                    escudo de Rama para que tú la hieras y su  sangre corra.”

Mientras el hombre recita las líneas de la Kama Sutra, la mujer experimenta una terrible agitación interior. Su cuerpo apenas expresa su estado nervioso, pero algo muy profundo se agita sus entrañas y crece. Se acerca su cara muy próximo al rostro del hombre, clava su vista en sus ojos. Cuando el hombre termina pronunciando la expresión “sangre corra,”  ella entrega una cachetada contundente y sonora en la mejilla del hombre. El golpe obliga el hombre a doblar su cuello hacia atrás. Ella lo observa en silencio. Los dos se quedan en silencio, mirándose profundamente, perdidamente.

Las dos parejas ejecutan la misma acción que realiza los protagonistas, ejecutan la cachetada simultáneamente.  Luego y frente al público se congelan en gestos que rescatan el momento.

 Entra el director en el escenario para corregir levemente sus posturas corporales. Avanza hacia luego hacia los espectadores y dice: “No hay nadie que no haya recibido una cachetada alguna vez en la vida. La lógica del alma es el misterio más grande de la vida.”  

Soy tu espejo, soy tu amor

Soy tu espejo, soy tu amor

Groucho Marx said it and most of us are still laughing...

Groucho Marx said it and most of us are still laughing...

"You better watch  out when you’re walking down the street", says the man’s friend with a worried twitch, because there used to be a guy called Groucho Marx who warned that you might get the flu, or even worse, fall in love.

"You don’t say! So what’s the point?"

"Well, Groucho was a very wise fellow."

"Ok! Ok! But that’s not what I asked you!"

"Right. Groucho said when you are walking down the street you should be careful."

"What’s so original about that? Everybody knows the streets are filled with pick-pockets, thieves, rapists, assasins, even politicians."

"The point is that if you get the flu or fall in love you always end up in bed!"

"Hmmm!"

"Here’s another one. Marx, who wasn’t exactly a marxist, said he knew hundreds of husbands who would come home happy as could be if they didn’t have a wife waiting for them at the door."

"Nowadays you might turn that around."

"You mean hundreds of wives would come home smiling from  cheek to cheek if it weren’t that they each had a husband grumbling and rubbing his belly and twisting his eyeballs as if cross-eyed."

"Right. Times do change. That makes me think of Groucho’s other comment."

"Which one?"

"He said something like this: if it really were  a good thing for a man to have a wife, why is it that God doesn’t have one?"

"That’s the million dollar question! But I think I’ve got the answer. Groucho said that marriage is the main cause of divorce!"

"Ha! Ha! Ha! Well listen to this: There are many things in life more important than money."

"Really? I can’t image what those things might be."

"The point is that those things are just too damn expensive!" 

Nada se pierde, todo se transforma...

Nada se pierde, todo se transforma...

Nada se pierde, todo se transforma

Lo que es vida, muerte será,

Lo que es riqueza, pobreza será.

Nada se pierde, todo se transforma.

 

Todo se transforma, nada se pierde

Tus palabras en polvo volverán,

Tus amores en suspiros soplarán.

Nada se pierde, todo se transforma.

 

¡Pero ay mi amor cómo te quiero!

¡Pero ay vida cómo me apego a ti!

¿Si nada se pierde y todo se transforma

Cómo puedo aceptar tu pérdida?

 

Pasé por tu vida y me transformé,

Pasé por tu vida y te perdí:

¡Ay mi amor todo se transforma,

Todo se pierde, salvo mi amor!

Posición de loto, en medio de las manifestaciones del 24 de Marzo

Posición de loto, en medio de las manifestaciones del 24 de Marzo

Ella medita. Busca la vibración interior. A su alrededor grupos de jovenes bailan, los tambores marcan el ritmo. ¿Tendrá su mente en blanco? Hace 35 años, en medio de un gobierno que hacía agua por todos lados, los militares tomaron el poder--con el consentimiento de sectores políticos, económicos, sindicales e religiosos. La intención de los golpistas fue eradicar a lo que consideraban el "mal" e introducir un sistema económico-político de "mercado." ¿El resultado? Treinta mil desaparecidos, niños apropriados, madres pidiendo por sus hijos,fábricas cerradas y la desocupación golpeando fuertemente.

Ahora convergen alrededor de la mujer en posición de loto miles de jovenes gritano justicia y castigo para los culpables. No lejos, frente al teatro Colon, sobre la avenida 9 de Julio, canta Plácido Domingo ante una entusiasta muchedumbre. Por un conflicto laboral, no cantó en el teatro.

El sol sonría, luego salió la luna y miles de personas volvían pacificamente a sus casas. Algo ha pasado en Argentina durante las últimas tres décadas. 

David Viñas, fallecido a los 83 años

David Viñas, fallecido a los 83 años

David Viñas, escritor, investigador infatigable de la verdadera historia argentina a través de la ficción,  falleció ayer a los 83 años, sin saber nada sobre el secuestro y desaparición de sus hijos María Adelaida y Lorenzo Ismael durante la dictadura militar.

Uno de los ejes de la escritura de Viñas tiene que ver con una constante indagación sobre las formas de violencia empleadas por la oligarquía en Argentina, su persistencia y sus manifestaciones en diferentes planos y momentos de la historia nacional. Por lo tanto su escritura es una escritura de sospecha, que perturba,  cuestiona e investiga incluso sobre la propia identidad de sus personajes.

Sea como fuera, la mejor forma de conocer a Viñas es a través de la lectura de sus obras.

La Patagonia con Mempo Giardinelli buscando el final de una novela

La Patagonia con Mempo Giardinelli buscando el final de una novela

En Patagonia el final puede ser el comienzo, de modo que el viajero nunca sabe exactamente en qué punto se encuentra. Será por eso que el escritor Mempo Giardinelli formula una pregunta sin repuesta en su novela “Final de Novela en Patagonia.” Mempo ha estado viajando con Fernando Operé por rutas alejadas, de ripio, junto con el viento, con el silencio único de la Patagonia, tratando de encontrar un final para su novela. Se encuentra cerca de Los Antiguos cuando no puede suprimir una reflexión aguda: “Me pregunto cómo es posible que tanta belleza contenga en un mismo y gigantesco envase, tanta ignominia, tanto cinismo.”

Es del tipo de viajero que mantiene todos sus sentidos siempre abiertos a la espera de captar las esencias. El escritor-viajero pregunta e investiga los hechos relacionados con la brutal muerte en el pueblo del joven Nicolás Lorenzo Sosa. Al cumplir  18 años fue sometido a una burda celebración con la consigna de “hacerlo macho.” Ocho o diez hombres lo mantearon, lo cubrieron de harina, lo pasaron desnudo por el pueblo, le ataron una tanza alrededor del pene y lo obligaron a caminar tironeándolo de ella; lo amarraron a un árbol con alambres; lo llevaron a una casa y lo pintaron con esmalte sintético a pesar de sus gritos de acabar con la tortura; lo rociaron con nafta supuestamente para limpiarlo. Uno de los tipos encargados de hacerlo macho prendió un cigarrillo y…Nicolás se prendió fuego y murió…

A pesar de la evidencia clara y contundente, la justicia miró por otro lado. Varios de los protagonistas del brutal festejo son empleados municipales…

Hay otras brutalidades en la Patagonia más a la vista. El genocidio del General Roca contra los pueblos indígenas de la Patagonia y las actuales maniobras de inversores de todo tipo para quitarles a las comunidades indígenas sus tierras ancestrales para plantar soja; la sangrienta represión de la huelga de los campesinos ordenada por el Presidente Yrigoyen…y otras menos visibles: gran parte de los mejores terrenos ya han sido devorados por extranjeros; los peces nativos han sido exterminados por la introducción de truchas y los pinos traídos por los colonos europeos y luego plantados por inversores forestales representan una plaga y una amenaza para las especies nativos, árboles únicos de gran belleza.

Viajar por la Patagonia con la novela de Giardinelli en la mano es una experiencia irrepetible. Victorio y Clelia, amantes apasionados, encuentran en la profundidad de la Patagonia una oportunidad, pues detrás de ellos corren policías y agentes de todo tipo. Hacen el amor en lugares insólitos, tienen los sentidos en constante alerta, y detrás de ellos también está el escritor. Mempo lucha con todas sus herramientas de escritor, no encuentra soluciones, viaja, camina, habla con hombres y mujeres sobre sus vidas, tiene sueños, trata de imaginar un fin para la novela: acorralados y casi en el fin del mundo Victorio y Clelia se abrazan, se besan apasionadamente y saltan juntos al precipicio. Puaj. No va. Es el domingo, un reencuentro. Han logrado eludir a sus perseguidores. Están haciendo el amor tranquilamente en un hotel solitario. “Como hace muchos años y como siempre, se hicieron declaraciones apasionadas, se gozaron y recordaron, gimieron y se juraron todo el amor, la fidelidad y los permisos lúdicos,” concluye la novela, pero “Victorio se va entregando lentamente al sueño eterno para ya no despertar jamás.” Clelia comprende y dice: “Lo hiciste nomás, y la puta que te parió.”

La Patagonia es así: una poesía dramática en movimiento constante, lleno de espacios abiertos, silencios, respiros, tonos de gran variedad, brutalidad extrema, belleza incomparable, suspiros, tempestades feroces, amor, la pasión y la nada. ¿Usted que viaja en un coche cama con todo confort qué piensa? ¿Usted, historiador, psicólogo, antropólogo, piensa que realmente entiende la Patagonia? ¿Usted, obrero que ha venido aquí buscando laburo, qué opina? ¿Usted, irlandés, galés, mapuche: puede uno vivir aquí sin los sentidos abiertos y expuestos al sol, al viento, al hielo de las montañas?         

El beso simple llamado Auparistakha

El beso simple llamado Auparistakha

Tú ardor me quema, me perturba el alma

Mi amor: Tu beso  Auparistakha me perturba

Los cielos cantan, bailan, abren sus gargantas.

 

Hermana karma te escribo cabo lejanía,

Olvidado estoy, vestido de lenguas trenzadas.

Mi amor: oigo tus tempestades de vidrio,

Las veo, las abrazo como aliento para pájaros.

 

Tu sudor arde, derrete mi alma pérdida

Tu tiempo me hace reír entre suspiros

Tu caldero filoso de amor me provoca miedo,

Pasión, apasionamiento, grietas en el corazón.

 

Quiero abrazarte, apretar tus mejillas, besar tu canto.

Y voy, simplemente,

con pie ligero

arrasando tu beso Auparistakha.

 

 

Are you one of those 45 million who thought you were going to get medical insurance? (A fictionalized version of reality)

Pancho Rivero, an immigrant who had recently lost his job in New Jersey, called his friend, George, his voice quivering.

"Don’t know what I’m going to do" he muttered into the microphone of his mobile phone. "I think I’ve got a heart condition."

"Terrible. That’s terrible news," agreed George.

"Yea and I can’t pay the doctor’s fees."

"That’s true. They make mince meat out of your pockets. Don’t you have medical insurance?"

"You mean Obama’s medical care packet? It doesn’t come into effect until 2014. Do you think I can wait that long?"

"Well, no, I guess not. But there must be something you can do."

"Furthermore, the Republicans are trying to give the business back to the private insurance companies and there’s this judge..."

"Yea. I think I know who you mean, ah, Federal Judge Henry Hudson, who thinks the legislation Obama got Congress to approve is illegal."

"Funny isn’t it. We are supposed to be the richest country in the world, yet we are 14th in ranking so far as medical care goes. And that law was aimed at helping 45 million with no medical insurance at all...

"Just think of that! Then with unemployment and all they say there are around 3,000 more who lose their medical coverage..."

"Imagine what would happen if I were to go to a hospital and say: "doctor, please help me I think I am about to have a stroke."

"Wouldn’t they take care of you?"

"If I paid them on the spot."

"Woh! What if you didn’t have the bread?"

"That’s my point: what if I don’t have enough money to pay for my hospitalization?"

Before he could answer that, Pancho Rivero’s phone went dead.

Macri, Machismo, Discrimination and the Bang-Bang Mentality (an essay)

Scapegoats have always existed, and probably always will. It’s the law of the” good guys” versus the” bad guys,” those in power versus the outcasts, those who defend the status quo at the point of the gun against those who demand change, those who belong to the “right” race or religion versus those considered “inferior” or “heretics.” Furthermore, in the always violent course of history, the strongest seem to get their way, rewrite history and organize political, legal and judicial systems to their benefit.

The examples appear and reappear: the witches and heretics during the Middle Ages, the indigenous people of north and south America—objects of premeditated genocide; the massacre of a million Armenians, a like number of Indonesians after the country dared take an independent stance; the Jews and opponents of the Nazi regime in Germany; the 30,000 Argentines whisked away into oblivion during the Military Dictatorship…

This dialectic of violence showed its ugly head in Buenos Aires at year’s end with the occupation by squatters of abandoned lands and buildings—allegedly pushed on by obscure political and economic interests. The reaction of the millionaire mayor of the city, former head of Boca Juniors athletic club, was perhaps predictable.

Although the funds available for badly needed housing for the slums was shrunk drastically in favor of paving streets and walkways in downtown Buenos Aires, the blame was placed on “irresponsible immigration.” What was even more significant was the intention of Mayor Mauricio Macri to get the support of the casper-milk-toast  middle class by referring to the alleged involvement of immigrants in criminality and drug trafficking.

In Argentina, in the United States of North America, in Europe and in many other counties these days immigrants have been accused of all sorts of evils, although they were previously sought to do the menial work the citizens refused to do. The political rightwing also has a banner that is raised time and again, from country to country: Law and order.

Although there is a genuine and laudable desire for peace in the hearts of people throughout the world, the demand to confront the undesirable, the immigrant or the criminal with a hard fist or a smoking gun not unusually serves as a smoke screen for political or economic maneuvers.

Just a few examples: Iraq was accused of having a store of incredibly dangerous weapons of mass destruction…so as to justify the invasion of the country by the U.S., interested in the country’s oil and in getting a footing in a hostile area of the world.

The existence of leftist and non-conformist movements in Latin America likewise was used to set into motion the take-over of democratic institutions by military forces whose illegal regimes imposed free-wheeling “neo-liberal” economic policies which marginalized vast sectors of the population and laid the red carpet for multinational corporations.

At the family level, rape and domestic violence continue to wreck havoc among all social classes, although certainly situations of extreme poverty and lack of education constitute contributing factors.

Conservative voices assert that violent crimes such as rape, assassination and kidnappings should be subject to chastisement including capital punishment. But the question remains: will a rapist desist in his attempt if he knows he faces death? Will his punishment not be even greater if he must spend the rest of his days in confinement under squalid conditions?

Yet it is moot to ask why in countries such as Argentina persons convicted of repugnant crimes such as rape and multiple assassinations are entitled to go free frequently many years before the end of their sentence.

Continuing with the questions. Why do wars, violence, rape, injustice and all kinds of abuse exist among human beings? Rather than take vengeance against society’s criminals and outcasts, would it not be better to investigate the causes of violence and seek the corresponding solutions? What leads a man to attack and rape a woman? Machismo, the urge to dominate when he himself is subjugated in his workplace?What has happened in his upbringing, in his education, that leads him to violate the respect for another fellow human? Does the utilization of violence in the mass media affect his behavior patterns? How does a world based on consumerism, money and the profit motive influence his actions? Would there be as much violence in the world if the judicial systems were more honest and trustworthy? If extreme poverty and marginalization were replaced with decent housing, education and opportunities for work and self realization?